LOS NAVEGANTES HELENÍSTICOS DE EGIPTO. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

20.04.2016 06:55

                

                Los antiguos egipcios fueron un pueblo de notables agricultores, que supieron aprovechar a conciencia las aguas del padre Nilo. Pese a asomarse su delta al Mediterráneo con amplitud, nunca ejercieron el comercio como los fenicios o los griegos, pese a disponer de buenas embarcaciones fluviales susceptibles de adaptaciones a las condiciones de alta mar. En distintos momentos históricos los faraones, como los del Imperio Medio, alentaron el comercio. El faraón Necao II (610-595 antes de Jesucristo) promovió la empresa fenicia de circunnavegación de África.

                Con la conquista de Alejandro Magno y el establecimiento de la dinastía ptolemaica, Egipto pasó a formar parte del extenso mundo helenístico, en parte heredero del persa aqueménida en cuanto a rutas de comercio se refiere. La fundación de la gran ciudad de Alejandría, de clara vocación mercantil, desplazó a los tradicionales centros de Menfis y Tebas. En el nuevo centro de negocios se estableció una comunidad heterogénea, que incluía a los judíos, y atenta a todas las oportunidades. Hacia la corte ptolemaica afluyó una gran cantidad de riqueza en forma de tributos a las comunidades campesinas recaudados por grupos de arrendadores o publicanos, de tan pésima reputación, y de ganancias de las minas de oro meridionales explotadas con mano de obra prisionera.

                Con una posición geográfica envidiable y grandes recursos económicos a su disposición, las naves de los egipcios surcaron las aguas desde Sicilia al mar Negro. Pronto entraron en relaciones con el emergente poder de los romanos, capaz de abatir a los cartagineses. Su mirada, sin embargo, no solo se dirigió hacia Occidente.

                La India, a la que llegó el inquieto Alejandro el Grande, atraía su atención y su curiosidad. En el subcontinente asiático se habían consolidado los grandes estados imperiales de base tributaria y de enormes ejércitos. Sus riquezas resultaban muy tentadoras.

                La distancia entre Egipto y la India se podía cubrir a través de rutas terrestres antiguas, pero también costeando el litoral. El desconocimiento del régimen de los vientos monzónicos era un gran inconveniente para los navegantes del Egipto helenístico. En cambio los de la India parecían conocerlo mejor.

                Desde el litoral de Adén, los griegos de Egipto entraron en contacto con los indios. En el 118 antes de Jesucristo se atribuye a Eudoxo de Cícico la primera navegación a mar abierto por el Índico de Oeste a Este con la ayuda de un piloto indio. Tras su éxito, volvió a realizar una segunda singladura hacia la India en el 116 antes de nuestra Era.

                Mientras que la figura de Eudoxo ha resultado cuestionada por varios autores, más nítida se muestra la de otro navegante helenístico, Hippalus, que a principios del siglo I antes de Jesucristo dio con el conocimiento más preciso del sistema de los monzones. Sus ideas sobre la orientación geográfica de la India también eran más correctas que las de sus predecesores.

                El creciente poder de Roma amenazaba el vuelo egipcio. La astuta Cleopatra, entre el 51 y el 30 antes de Jesucristo, hizo todo lo posible por restablecer el poder ptolemaico, en lo comercial inclusive. El desastre de su amante Marco Antonio frente a Octavio, el futuro César Augusto, selló su destino y el de su reino. Serían los romanos los que obtendrían buen provecho de los descubrimientos de los navegantes helenísticos egipcios.