MIGUEL BUIZA, UN EXILIADO MARINO DE GUERRA. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

23.12.2020 13:15

                Tras la II Guerra Mundial, muchos judíos buscaron una nueva vida en Palestina, donde el mandato británico se vio desbordado por los problemas. En la Historia del Israel en ciernes, puso su granito de arena un marino de guerra español, Miguel Buiza, que en 1947 condujo a 1.388 judíos en un cañonero convertido en mercante a aquellas tierras. El español terminó detenido temporalmente en Haifa, aunque no era la primera vez que había sufrido cautiverio.

                Había sido internado en 1939 en el campo de prisioneros de Meheri Zabbens, junto a otros republicanos españoles. Al frente de las unidades de la armada republicana había partido de la base de Cartagena, sacudida por los combates entre los partidarios y los contrarios de Juan Negrín. Su acción se ha interpretado como un medio para favorecer la rendición del bando republicano. Puso rumbo a Orán, pero recaló finalmente en Bizerta. En el África francesa ingresaría como capitán en la Legión, lucharía a favor de los franceses libres y estuvo en la vanguardia aliada que liberó París de las fuerzas del III Reich.

                Buiza era un tipo batallador, según reconocieron sus coetáneos, pero en muchas de sus acciones durante la Guerra Civil le faltó el acierto. Bajo el gobierno de Largo Caballero, fue jefe del Estado Mayor de la Marina, con la intención de reconstruir la cadena de mando tras los sucesos de inicios de la Guerra, cuando las tripulaciones de los buques de guerra se levantaron contra muchos de sus oficiales. El capitán de corbeta Buiza sabía ganarse a la marinería y pudo ascender.

                El comandante del crucero Libertad (el buque insignia de la República) y jefe de la Flota no pudo evitar que el área del Estrecho cayera definitivamente en manos contrarias. Tampoco los republicanos pudieron recuperar Mallorca. Si en el Cantábrico no consiguió imponerse, en la batalla naval del cabo Cherchell del 7 de septiembre de 1937 sus fuerzas fueron vencidas. Fue la puntilla que pondría fin a su alto mando.

                Sevillano de origen, había venido al mundo en 1898, el año del llamado Desastre. Formado en Cádiz, llegó a capitán de corbeta en 1932, en una España en pleno cambio, todavía con proyección en el África occidental, en el territorio saharaui. Moriría en Marsella en 1963, exiliado. Su vida ejemplifica las gestas y los sinsabores de los republicanos españoles que tuvieron que abandonar la patria que los vio nacer.

                Para saber más.

                Michael Alpert, La guerra civil española en el mar, Madrid, 1987.