¡QUÉ SANTIAGO APÓSTOL ILUMINE A DOÑA ANGELITA! Por Gabriel Peris Fernández.

24.08.2014 20:51

 

                La Liga da sus primeros pelotazos y la Merkel viene a regatearnos un poco. Tras nuestra brillante ejecutoria en el Mundial podemos esperar de todo, aunque el mismo Santiago Apóstol desmonte de su caballo en el Clavijo para ocuparse de la portería. Doña Angelita no viene dispuesta a irse por Zaragoza para que la Virgen del Pilar le atice un sopapo, sino a poner sus puntos sobre las íes.

                Que nadie se haga ilusiones. Aunque don Mariano fuera Diego Gelmírez y la Merkel la desaprovechada doña Urraca las cosas cambiarían muy poquito al depender de la balanza de poder. Alemania con todas sus insinuaciones de parón económico  no deja de ser el coloso de la UE, y España un país pretencioso al que le están creciendo los enanos pese a las gestas andorranas de Pujol. Los medios de comunicación afines, desafines y desafinados insisten en el mercadeo de los cargos del gobierno (¿?) europeo. Quizá le caiga el premio gordo a de Guindos, a Cañete o al Lucero del Alba por la tortuosa ruta jacobea, en la que la pillería alcanzó cotas de virtuosismo ya hace mil años.

                Los platos de lentejas son la miseria del bodegón de la política internacional, muy aptos para las moscas del vinagre, y ahora que estamos enfrascados en los saraos conmemorativos de la I Guerra Mundial los despistados se enteran de lo de la lucha alemana en los dos frentes. En el oriental no pone dientes de perro a una Rusia en retirada precisamente. La cancillera va a Kiev a cubrir el expediente o a dorar la píldora, prometiendo dinerito fresco a los independientes ucranianos. Telonera de Obama, representa la diplomacia del dólar con el arte del todo a cien.

                Ganada la “feroz” batalla de Tannenberg, doña Angelita corre al Finis Terrae a poner orden y llamar al pan y al vino por su santo nombre. España, que a veces se ha quejado que Polonia le birlara la merienda en el reparto de fondos europeos, debe de tener en cuenta la delicada situación de la Europa del Este. Al fin y al cabo si don Mariano no fue sometido a los hombres de negro hace un par de años no fue gracias a Santiago ni a la Virgen del Pilar, sino a la “tolerancia” teutona forzada por unos inquietos EE. UU. en la cumbre de Acapulco, temerosos que la caída de España arrastrara por efecto dominó (juego muy gallego y del gusto del difunto Fraga) a la UE y a ellos mismos.

                Es hora de la política de la grandeza y del ser bien nacidos, aunque los agradecidos sean unos ciudadanos españoles a sacrificar en puntos muy sensibles. Para ellos el abrazo de Santiago será el del oso.