UN COTIZADO RINCÓN DE LA HISPANIA MEDIEVAL. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
Es bien sabido que las divisiones políticas desgarraron Al-Ándalus en distintos momentos históricos, hasta tal extremo que los aragoneses llegaron a hacerse fugazmente con el dominio de un reino de Culla entre el 1093 y el 1104, paralelamente a las acciones de Rodrigo Díaz de Vivar en el Este andalusí.
Al frente de aquel reino pusieron a Fortún Sánchez en calidad de comandante militar, bien capaz de plantar cara a los expansivos almorávides, que desde el 1086 estaban poniendo en aprietos a Alfonso VI de León y Castilla. Al morir el Cid, los almorávides redoblaron sus ataques contra Culla, hasta tal punto que Pedro I de Aragón tuvo que acudir en su defensa en julio de 1100. El monarca, además, aprovechó la ocasión para dar a la villa de Ova (en el actual término municipal de Cabanes) una carta puebla. Sin embargo, los almorávides entraron en la ciudad de Valencia en 1102 y al año siguiente en Culla.
Con el tiempo Culla se convirtió plenamente en la cabeza de una demarcación político-militar o hisn bajo los almohades, que abarcó la propia Culla, Benasal, Vilafranca, Vistabella, Atzeneta, Benafigos, Vilar de Canes y la Torre d´en Besora, en el actual Norte castellonense.
Tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), Pedro II de Aragón pretendió recuperar el dominio de aquellas tierras, prometiéndolas a los templarios en 1213. Sin embargo, Jaime I no les reconoció inicialmente su dominio, reservándoselo en 1234. En 1235 entregó Culla y Las Cuevas de Vinromá a Blasco de Alagón a cambio del dominio del castillo y la villa de Morella.
A la muerte de Blasco de Alagón en el 1239, Culla y sus dominios pasaron a su hija Constanza, casada con Guillem de Anglesola. El hijo de ambos, Guillem de Anglesola II, lo heredaría en 1264. Desde 1239 comenzaron a afluir colonos, mayoritariamente de tierras leridanas, a puntos como Benasal, Vilafranca o Culla, que se rigieron inicialmente por el Fuero de Aragón y las Costumbres de Zaragoza, apelando al Justica Mayor de Aragón o al zalmedina de Zaragoza.
Al igual que otros nobles coetáneos, Guillem de Anglesola II se enfrentó al terrible enemigo del endeudamiento, hasta tal punto que el despensero de la reina Berenguer de Claresvalls disfrutaba de las rentas del castillo de Culla en 1272 en pago de los réditos. La situación llegó a ser tan insostenible que en 1275 se planteó el intercambio de Culla por los castillos de Bellpuig i Golmers en el Pla de Urgel, en manos de la Orden de Santiago. Sin embargo, tal acción no llegó a concretarse.
Finalmente, en 1303, Guillem de Anglesola II vendió por medio millón de sueldos (más de veinte millones de euros actuales) a la Orden del Temple la demarcación del castillo de Culla. Al comenzar las acciones contra los templarios en Francia, Jaime II de Aragón ordenó a su delegado Bernat de Lauria que encarcelara al comendador de Culla y que ejerciera el gobierno de aquel territorio. En 1319 pasó a los dominios de una nueva Orden, la de Montesa, con escaso entusiasmo de sus flamantes vasallos, avezados a los cambios desde hacía tiempo.
Para saber más.
Pere E. Barreda, “El regne de Culla (1093-1103): una aproximació a la història del País Valencià entre els segles XI i XII, en plena dominació musulmana”, Butlletí del Centre d´Estudis del Maestrat, 8, Benicarló, pp. 9-22.

