UN POTENTADO DE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA, TEODOMIRO. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
El final de la Edad Antigua no resultó ni abrupto ni repentino, como tampoco lo fue el comienzo de la Edad Media. Los conquistadores musulmanes de la península Ibérica se encontraron una sociedad en lenta transformación, con una aristocracia que todavía atesoraba elementos de la Roma Tardía, pero sin dejar de apuntar al mundo trenzado por las relaciones de encomendación. Las circunstancias destacaron a algunos aristócratas, como el celebérrimo Teodomiro, de cuya figura trazó una elogiosa semblanza el anónimo autor de la Crónica mozárabe de 754, un eclesiástico descontento con la nueva dominación islámica. Convirtió a Teodomiro en un triunfador, capaz de lograr de los poderes musulmanes un ventajoso pacto, que no desvela en sus detalles. Semejante acuerdo no amparó a muchos, que carecieron de la habilidad y fortuna de Teodomiro.
Nuestro autor no sólo lo presenta como un destacado militar, bien capaz de vencer a bizantinos y musulmanes sucesivamente, sino también como un hombre imbuido de cultura eclesiástica, digno de ser admirado por los divididos cristianos orientales del imperio bizantino. Dotado con las prendas del orador, las de la elocuencia, alcanza el triunfo del pacto. A este respecto, Teodomiro es engalanado con las prendas de un potentado del Bajo Imperio, como se desprende de estas palabras:
“Un tal Teodomiro, en algunas partes de Hispania, les había hecho sufrir a los árabes pérdidas de consideración. Y después de haberlos molestado durante mucho tiempo, pactó con ellos las condiciones de una alianza duradera. Ya en tiempos de los reyes godos Égica y Witiza había conseguido en su patria la palma de la victoria, peleando contra los griegos (los bizantinos) en un combate naval. Por esta causa obtenía mucha distinción y honor, siendo alabado hasta por los cristianos orientales, que descubrían en él una firmeza tan grande en la verdadera fe que a todos les movía a tributar muchas gracias a Dios. Era aficionado a las Santas Escrituras, dotado de una elocuencia admirable, dispuesto para el combate, y pareciéndole al emir Al-Muminin el más prudente de todos, le premió ventajosamente, confirmando el pacto que había hecho con Abd-al Aziz poco antes. De tal manera permanece hasta hoy asegurado, que los sucesores de los árabes no rompen el lazo de unión tan grande, y por ello volvió a Hispania llena de gozo.”
Fuente.
Crónica mozárabe de 754. Edición de José Eduardo López Pereira, Zaragoza, 1991.

