UN REBELDE TRIUNFANTE, CHINDASVINTO.

10.08.2026 13:22

             

              Un funcionario de la Borgoña merovingia, a quien desde el siglo XVI se conoce como Fredegario, tuvo conocimiento hacia el 658-660 de lo que aconteció en la Hispania visigoda años antes. Es muy probable que fuera informado por los aristócratas que huyeron de una matanza digna del Sila de las proscripciones. El triunfante conspirador Chindasvinto ordenó la violencia sexual —ejercida mediante golpes de Estado matrimoniales— como un arma política contundente. No solo se había hecho con el trono, sino que también parecía haber abatido la posibilidad de nuevas conspiraciones. Por mucho que el cronista manifestara repulsión por su despiadada figura, no dejó de expresar cierta fascinación por el que, posiblemente, había alterado profundamente la política de la Hispania visigoda. Era el modelo político, que no moral, a seguir por los monarcas merovingios que se enfrentaban a la disidencia aristocrática. Fredegario expresó, en una prosa política de raigambre romana, su rechazo al desorden de los visigodos y la necesidad del yugo como mal menor:

              “En ese año (639 o 640) murió el rey de Hispania Chintila, que había sucedido en el reino a Sisenando. El hijo de éste, de nombre Tulga, de corta edad, fue elevado al trono paterno a petición de Hispania: la raza de los godos es impaciente cuando sobre sí no tiene un fuerte yugo. Durante la adolescencia de este Tulga toda Hispania se encuentra alterada en la forma acostumbrada, cometiendo la gente diversas insolencias. Finalmente, uno de los principales, de nombre Chindasvinto, se elevó al reino de Hispania, tras reunir en torno suyo a muchos senadores de los godos y al pueblo en general. Se degradó a Tulga y le hizo tonsurar para imponerle el estatuto clerical. Y tras haber afirmado bajo su poder a todo el reino de Hispania, conocedor del mal de los godos -el que tenían de deponer a sus reyes-, puesto que frecuentemente él había conspirado con esos mismos, de cuantos de entre ellos tenía conocimiento de ser culpables de un tal vicio contra los reyes, que del gobierno habían sido expulsados, secretamente a unos ordenó matar y a otros condenar al destierro; y a sus mujeres e hijas entregó a sus leales juntamente con sus riquezas. Se dice que de entre los principales de los godos fueron muertos doscientos en la represión de este vicio; de los mediocres ordenó matar a quinientos. Y una vez que Chindasvinto supo que este mal de los godos estaba dominado, no cesó de pasar por las armas a aquellos de quien tenía sospecha. Por su parte los godos, domados por Chindasvinto, nada se atrevían a conspirar en su contra, como acostumbraban para con los reyes. Chindasvinto, habiendo llegado a consumir sus días, estableció como rey en todo el gobierno de Hispania a su propio hijo, de nombre Recaredo. Chindasvinto, haciendo penitencia, murió ya viejo; se dice que nonagenario.”

              Fredegario, Crónica, 82, en Textos y documentos de Historia Antigua, Media y Moderna hasta el siglo XVII, Volumen XI de la Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara, Barcelona, 1993, pp. 184-185.

              Selección de Víctor Manuel Galán Tendero.