UNA GUERRA DEL AGUA EN LA ESPAÑA DE LOS AUSTRIAS. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

02.07.2026 10:34

             

              Muchas reivindicaciones de comunidades campesinas han estado intrínsecamente unidas a las cuestiones de la posesión de la tierra, exigiéndose a veces para los que las trabajaban. Sin embargo, el control del agua ha resultado igualmente crucial o incluso más, como en los territorios del sureste hispánico.

              En la Lorca bajomedieval no pocos cultivadores pleitearon contra los regidores que pretendían disociar el agua de los terrazgos a beneficiar. Querían desviarla hacia sus terrenos de pastos. Se acudió a los tribunales del rey, pero también se sabotearon compuertas de la acequia de Alcalá. En 1407 se alcanzó una sentencia favorable a los cultivadores, si bien prosiguió el tira y afloja. 

              Durante las agitaciones de las Comunidades, los regidores más poderosos de Lorca vieron amenazadas sus casas por los campesinos amotinados, con puntos comunes con los labradores agermanados del reino de Valencia. Los daños intencionados a los azudes volvieron, pero también terminó por restablecerse el orden real.

              La situación fue especialmente dramática en 1552, en una temporada de sequía particularmente severa, cuando los regidores subastaron el agua de balde o la que sobraba de los riegos del rey. Por mucho que se intentara justificar como medio para enjugar la deuda municipal, los campesinos pobres de las cuadrillas o demarcaciones, en especial las de las áreas bajas, se levantaron empuñando hoces y azadones. Irrumpieron en la plaza pública donde se procedía a la subasta que contradecía sus derechos al repartimiento.

              Nuevamente las agitaciones sociales condujeron a los tribunales de justicia, verdaderos campos de batalla de la conflictiva España de los Austrias. Los agraviados campesinos se agruparon con éxito y llevaron su caso ante la chancillería de Granada, que en 1572 se pronunció sobre la regulación de las subastas de agua, el reparto de la dula. Los regidores no pudieron especular con el Guadalentín en los tiempos de sequía.

              Posteriormente, entre 1595 y 1600, los campesinos de las cuadrillas consiguieron poner en pie el sindicato de riegos, capaz de gestionar el agua de las acequias frente a los regidores municipales, no siempre atentos al bien común.

              Para saber más.

              VV. AA., Lorca, pasado y presente: aportaciones a la historia de la región de Murcia, Murcia, 1990.